Brasil decidió no renovar su acuerdo con el Fondo

Marzo 29th, 2005

La medida cuenta con el respaldo del organismo y de EE.UU.

Los analistas también aprobaron la decisión del gobierno de Lula

Confían en que se mantendrá la política de austeridad fiscal

También hubo elogios del Tesoro norteamericano


SAN PABLO.– Con respaldo total de Washington, el gobierno brasileño anunció ayer que no necesitará renovar su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que vence pasado mañana. Lejos de ser vista como una actitud rebelde, las autoridades del Fondo y del gobierno de Estados Unidos felicitaron y elogiaron la actitud brasileña, que venía siendo discutida desde el año pasado.

“La decisión de las autoridades refleja los resultados impresionantes, generalmente por encima de las expectativas, de las políticas de estabilización macroeconómica y de reforma de Brasil que han sido respaldadas por el acuerdo actual”, dijo el director gerente del FMI, Rodrigo de Rato, en un comunicado.

El año pasado, la meta principal del acuerdo decía que Brasil debía generar un superávit fiscal primario del 4,5% del PBI. Aunque era la meta de mayor contracción fiscal jamás adoptada en Brasil, el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, con la disciplina rígida impuesta por el ministro de Hacienda, el ex trotskista Antonio Palocci, superó la meta y llegó al 4,6 por ciento.

El secretario del Tesoro norteamericano, John Snow, fue igualmente elogioso con la decisión del gobierno de Lula de no renovar el acuerdo. “Esta decisión refleja el vigor de la economía de Brasil y de sus políticas económicas. Se trata de una excelente noticia, una prueba de los logros financieros del país, y el crédito de este éxito es del presidente Lula”, declaró.

Desde 1998, en medio de las crisis económicas de efectos globales de Asia y Rusia, Brasil se había vuelto dependiente de la ayuda de los organismos multilaterales de crédito. Ese año, cuando Fernando Henrique Cardoso disputaba la reelección contra Lula, el FMI –junto con el Banco Mundial, el BID y el Banco de Compensaciones Internacionales (BIS)– le prestó a Brasil US$ 41.000 millones. Tras la llegada de los fondos, Brasil devaluó el real, en enero de 1999.

En 2001, el FMI volvió a socorrer a Brasil con un préstamo de US$ 15.000 millones. Y en septiembre de 2002, cuando se avecinaba la victoria de Lula y el mercado internacional todavía temía por el acceso al poder del dirigente del Partido de los Trabajadores (PT), el gobierno de Cardoso volvió a gestionar un crédito: otros US$ 42.100 millones, el mayor monto concedido por el Fondo en toda su historia (Brasil retiró sólo US$ 26.400 millones). Ese último crédito había sido negociado junto con Lula, que tuvo así un gesto público al aceptar la ayuda un mes antes de su victoria, comprometiéndose a respetar los contratos.

“En el mercado la decisión de no renovar el acuerdo no causó ninguna preocupación. Al contrario, esto simboliza una cierta madurez”, dijo a LA NACION la analista jefe del HSBC Investment, Zeina Latif. Según la economista, “la posibilidad de no renovar ya venía siendo discutida desde al año pasado, como una forma de demostrar que el cumplimiento de las metas fiscales es algo incorporado a la administración económica brasileña, y no una mera imposición del FMI”. Para Latif –y para los analistas del mercado en general– esta renovación no significa que ahora Brasil pueda obtener un superávit fiscal inferior al pautado para este año con el FMI.

Reservas en alza

“Cualquier idea de generar un superávit menor, para gastar en otras cosas, podría tener repercusiones pésimas. Creo que Brasil va a tener que generar un superávit mayor aun que aquel al que ya se comprometía”, afirmó la economista.

Ante la consulta de LA NACION, el economista jefe de un banco norteamericano, que pidió reserva de su nombre, calificó de positiva la decisión del gobierno Lula. “En la práctica, esto significa poco: todo el mundo sabe que Brasil sigue siendo el «darling» del FMI y que en cualquier momento que necesite ayuda, la tendrá.”

Según ese analista, la no renovación no implica riesgos. “Este año Brasil va a generar un superávit en su cuenta corriente de aproximadamente un 2% del PBI. Eso significa aproximadamente US$ 25.000 millones, que es prácticamente lo mismo que habrá que gastar con amortizaciones de deuda de corto y mediano plazo. Ese 2% de superávit en la cuenta corriente es la cara opuesta de la situación de 1998, cuando en ese mismo ítem existía un déficit del 4%. A su vez, la proporción entre deuda pública y PBI, que en 2003 había llegado al 56%, hoy es del 51 por ciento.

Hoy, Brasil tiene reservas brutas de US$ 66.000 millones en el Banco Central, y el gobierno proyecta un superávit de US$ 30.000 millones en la balanza comercial.

La situación fue resumida por el propio Lula: “Al comunicarle al FMI que no vamos a renovar el acuerdo, lo hacemos con la serenidad y tranquilidad de un gobierno que conquistó, con el sacrificio de todo el pueblo brasileño, el derecho de caminar con sus propias piernas”, afirmó el presidente en tono triunfal.

El ministro Palocci, que anunció el fin del acuerdo en cadena nacional, dijo que Brasil “va a continuar haciendo siempre el esfuerzo fiscal para mantener la deuda en trayectoria decreciente y para que el crecimiento sea sostenible y de largo plazo”.

Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil

FUENTE: www.lanacion.com.ar

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